SEPÁRATE DE TU MADRE

cordón umbilical

Hoy te quiero proponer que cortes con alguien. Y no va a ser con tu pareja. Lo que te propongo es que cortes el cordón umbilical con tus padres.

 

TU CORDÓN UMBILICAL

 

Nuestras madres nos han llevado en su barriga durante la friolera de nueve meses (más o menos). Durante ese tiempo nos proveyó con los nutrientes y el oxígeno que necesitábamos para formarnos y crecer. Pero, para que al nacer pudiéramos respirar, la matrona hubo de cortar el cordón umbilical. Desde ese momento ya no precisamos que nadie respire por nosotros.

 

Sin embargo, se nos viene vendiendo la moto de que debemos ser las madres perfectas y otras perversiones por el estilo. Por ejemplo, compramos la creencia de que debemos proteger a toda costa a nuestros hijos para evitar que se hagan daño sin darnos cuenta de que supone encerrarlos en una burbuja que no les permitirá desarrollarse adecuadamente como personas.

 

¿QUIÉN TE CONOCE MEJOR?

 

Esas madres llegan a creer que lo saben todo sobre sus hijos…incluso más que ellos mismos. Piensan que, como conocían tan bien a su pequeñ@ de 4 o 5 años, las cosas no han cambiado y siguen conociéndolo como a la palma de su mano.

 

Pero seguro que hubo cosas que no contabas a tus padres: si un día hacías pellas, si te enamoras de una persona, si fumabas un cigarro o te bebías una caña a escondidas, etc.

 

Reflexiona un momento: ¿cuándo dejaste de contarle tus sueños, tus fracasos, tus decepciones, tus errores, tus faltas de perdón hacia ti mism@, tus agradecimientos? Hay tantas cosas que de repente dejas de contar a tus padres, que no puede ser que esas personas sigan creyendo que te conocen mejor que tú.

 

El problema es que se les olvida que no se trata de su vida, sino la tuya. Y, si quieres cometer errores, puedes cometerlos porque aprenderás de ellos. La actitud de querer allanar tu camino y limpiarlo de obstáculos no te va a ayudar en nada.

 

CUÉNTAME UN CUENTO

 

No sé si has escuchado alguna vez un relato que se llama “Mister Pompitas”. Por si acaso, te lo cuento:

 

Mister Pompitas era una niña que un día, asomada a la ventana, vio cómo una mujer que pasaba por la acera estaba haciendo pompas de jabón. La fascinó tanto que alguien fuera capaz de crear una forma tan perfecta, que decidió en ese instante que iba a ser pompóloga. 

 

Desde pequeñita estudió cómo hacer pompas de jabón. 

Y terminó en la Universidad de las pompas para aprender a hacer pompas de diferentes formas y con los distintos tipos de jabón que existen.

 

Al acabar sus estudios universitarios hizo el doctorado en “Pompología” y se especializó en un tipo de pompas que pudiera englobar ciertos espacios y edificios para preservarlos. 

 

Empezó a hacer pompas de jabón para proteger las pirámides de Egipto, la torre Eiffel, el Big Ben…hasta que su fama fue tal, que empezaron a llamarla desde todos los lugares del mundo.

 

Un buen día, de camino a una conferencia en una gran ciudad, se encontró a un niño en la calle que tenía hambre y no tenía qué comer; tenía mucho frío y no tenía nada que ponerse; se sentía solo y no tenía a nadie. Ella pasó por delante, se fijó y pensó durante muchas horas qué podría hacer por ese chico hasta que encontró una solución.

 

Y al día siguiente, corriendo nada más levantarse, fue hasta donde estaba el niño y le dijo: “Ya tengo la solución para que no tengas hambre, para que no tengas frío y para que no te encuentres solo. Te voy a hacer tres pompas de jabón, una encima de la otra”. La primera le quitó el hambre; la segunda le quitó el frío; y la tercera hizo que no se sintiera solo.

 

Marchó de allí muy contenta por su acción pero, cuando regresó a la ciudad un año después para dar otra conferencia, no pudo encontrar al chico. 

 

En el lugar donde solía estar tan sólo encontró una estatua cuya forma le resultaba familiar: era una estatua que representaba a aquel niño al que le hizo las tres pompas.

 

Comprendió en ese momento que el niño había muerto. Moraleja: no puedes proteger de todo a nadie, aunque sea tu propio hijo. Tienen que cometer sus errores para crecer.

 

DECISIONES (IM)PROPIAS

 

¿Cuántas veces tomas decisiones por los tuyos? ¿Cuántos consejos o hasta chantajes emocionales perpetras?

 

Lo único que consigues así es generar indefensión e intolerancia a la incertidumbre. Date cuenta de que quieres a tu hijo o a tu hija por lo que son y no por lo que hacen.

 

Lo demás se llama manipulación: una situación en la que sólo se beneficia una de las partes. Hasta que se corta el cordón umbilical y la persona que manipula se ve sola.

 

Si tú también te has sentido agobiad@ por tu entorno familiar, si has sentido que no has dado la talla en algún momento, quiero decirte que la responsabilidad es tuya. Porque cortar el cordón umbilical debía haber sido tu función.

 

Y, si estás del otro lado, y te sientes reflejad@ en la protagonista del cuento, debes pedirte perdón, pedir perdón a tu hijo o a tu hija y asumir que es su vida y sus decisiones. Tú podrás aceptarlo o no, pero siempre debes de respetarlo.

No más cordones umbilicales.

 
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“En pareja hay que invertir una hora al día, una tarde a la semana y un fin de semana al mes para seguir creciendo y no separarse"

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